Crítica de cine: ‘Lope’
15 septiembre, 2010 | por CarrionDigital | Categoria: CulturaFallidos acercamientos al Fénix de los Ingenios
Países: España y Brasil. Año: 2010. Dirección: Andrucha Waddington. Guión: Jordi Gasull e Ignacio del Moral. Música: Fernando Velázquez. Fotografía: Ricardo Della Rosa. Montaje: Sergio Mekler. Principales Intérpretes: Alberto Ammann (Lope), Leonor Watling (Isabel de Urbina), Pilar López de Ayala (Elena Ossorio), Antonio de la Torre (Juan de Vega), Juan Diego (Jerónimo Velázquez), Luis Tosar (fray Bernardo), Ramón Pujol (Claudio), Selton Mello (Marqués de Navas), Sonia Braga (Paquita), Jordi Dauder (Porres), Antonio Dechent (Salcedo), Héctor Colomé (Urbina). Duración: 108 min. Género: Biopic, drama, cine histórico. Sala y fecha de estreno: Cine Ortega – 3 Septiembre 2010.
JOSÉ LUIS G. ANTOLÍN
Siempre me ha producido una cierta desazón el tratamiento del cine español a la hora de llevar a la pantalla la vida y obra de algunos de los más preclaros hijos de esta nuestra España y de todos los tiempos, en lo que pomposamente hemos convenido en llamar cine histórico, que mejor habríamos hecho en denominar como cine de cartón piedra de una época en la que Luis García Berlanga no dudó en situar al cine español como “uno de los fenómenos más anodinos de nuestro tiempo”.
Hubo un tiempo –el de la época de exaltación del patrioterismo más feroz del franquismo militante– que recreó auténticamente nauseabundas aproximaciones a los héroes patrios en películas llenas de tan grandilocuentes proclamas como de vacío contenido, todos hechos a la mejor honra del régimen –que se apuntaba a un bombardeo si de ello sacaba tajada ideológica– y en las que se distorsionaba tan miserablemente al personaje hasta hacerle irreconocible, cuando no, francamente antipático, por mucho que se le envolviera en ropajes heróicos. De aquellos despropósitos tenemos ejemplos más que notables, entre los que no dudamos en situar títulos que tan fidedignamente son ejemplo vivo de lo que afirmamos. Así nos vamos a encontrar con la que va a ser el detonante de poner de moda el cine con una cierta base histórica pero falsificada y retorcida hasta la nausea: “Locura de amor”, de Juan de Orduña de 1948, a la que había precedido otro buen ejemplo “Reina y santa” (1947), dirigida por tres directores distintos, los lusitanos Henrique Campos y Anibal Contreiras y el español Rafael Gil pronto iban a seguir, como también de 1947 es otro ejemplo impagable: “La Nao capitana” de Florián Rey. De aquellos tiempos de cartón piedra aplicada a la historia se pueden reconocer títulos como “Alba de América”, con un Cristóbal Colón al que sólo le faltaba entonar el “Cara al sol” en el castillo de popa de la Santa María, “La princesa de los Ursinos”,“Alhucemas”, “El gran galeoto”, “La duquesa de Benamejí”, “A mí la legión” e incluso “Catalina de Inglaterra”, metiéndonos de rondón en la historia de la mismísima Inglaterra, aunque sea por la puerta falsa.
Lo cierto es que tampoco con el advenimiento de los tiempos actuales se ha atinado mucho a la hora de retratar nuestra historia a veinticuatro imágenes por segundo, haya sido en blanco y negro o en colorines y en cinemascope. Siempre nos faltaron caballos, cuando no soldados y tropas que dieran empaque y fuste a producciones más bien raquíticas de medios y cuando los tuvieron –los medios– nos salían películas excesivamente teatrales y donde el espacio escénico era tan limitado como el de un escenario teatral. Y cuando hemos podido reunir medios, dineros y espacios, tampoco es que nos hayan ido mejor las cosas. Pese a ser películas muy notables, tampoco podrán competir mínimamente con productos venidos del otro lado del Atlántico, léase el cine de Hollywood, o el más próximo elaborado en las islas británicas, donde se domina mejor el espacio y el tiempo en este tipo de filmes. Ni “Ágora”, de Amenábar, ni “El capitán Alatriste”, de Díaz Yánes, podrían competir en el mercado en igualdad de condiciones que productos de las dos procedencias señaladas.
El cine español para el año presente hace la gran propuesta de diseño de producción con una buena dotación económica –se superan los 13 millones de euros o lo que es lo mismo más de 2.160 millones de pesetas de los de antes– y de medios técnicos más que suficientes para dar luz y lustre espectacular un producto que pone en manos de un realizador brasileño, que consigue una brillante puesta en escena…y poco más. Porque eso es lo que pasa con “Lope”, un despliegue de medios para contar una historia bastante sosa y anacrónica que olvida lo fascinante de su figura central para esbozar una trama de lances amorosos y de cama olvidándose de que el personaje al que pretende acercarnos Andrucha Waddington –otro de los factores sorprendentes de esta producción que el elegido sea el realizador brasileño, formado principalmente en la pequeña pantalla carioca, aunque cuenta con tres largos de ficción en su currículo, y cuya elección parece responder a la participación de aquel país en la financiación de la propuesta– para llevar a las salas los primeros años creativos de una de las más grandes figuras de las letras del Siglo de Oro y de siempre, que ha traspasado la propia historia con el sobrenombre de El Fénix de los Ingenios y al que no dudó en calificar Cervantes, del que no era santo de su devoción precisamente, como un monstruo de la naturaleza por su capacidad para la creación literaria
El cineasta filma con insalvable frialdad y mano exasperantemente tendente al desenfoque, único y pobre recurso de que parece disponer a pesar de contar con un notable diseño de producción que envuelve una historia que, más allá de abandonar prematuramente los fascinantes engranajes impulsores de la rompedora obra del poeta y dramaturgo, se limita a ofrecer un sufrido y pobre triángulo amoroso como eje central de una trama aguada, progresivamente diluida y totalmente carente de pasión alguna. Además, todo ello en un galimatías anacrónico, en el que mezcla tiempos y personajes de una manera bastante arbitraria, porque si bien es cierto que Lope de Vega fue un mujeriego irredento –incluso cuando hubo abrazado el sacerdocio–, llegando a tener hasta 14 hijos e hijas, legítimos e ilegítimos, con diversas mujeres que fueron sus esposas o sus amantes, no es menos cierto que fue su genio creativo lo que le hizo universalmente reconocido y que en la película apenas se intuyen, quedando la idea de quien no conozca la grandeza literaria de Lope de Vega como un rufián pendenciero, de bragueta fácil y embaucador callejero, que vivió a salto de mata y de los generosos favores y abnegación de las mujeres con las que convivió. Y es posible que Lope haya podido ser eso, pero también todo lo demás y ésta es la parte más grandiosa de su existencia y no el relato de cambio de camas que aquí se nos sirve
Tampoco es que haya hecho pleno la producción –posiblemente esto no sea imputable del todo al director, que no ha elegido el reparto, pero sí es culpable de no saber dirigirlo con más eficacia– en el reparto, salvo honrosas excepciones. El nada carismático pero evidentemente atractivo Alberto Ammann se ve incapacitado para sostener sobre sus espaldas el peso de una producción que pretende ser sólida aunque no lo consigue en absoluto, superado en sus limitaciones interpretativas por un elenco tan amplio como sugerente que baila entre la eficacia habitual de los grandes Luis Tosar (fray Bernardo) y Juan Diego (como Jerónimo Velázquez, primer mecenas de Lope) –lástima que este último aparezca tan derrotado– y las presencias eventuales de nombres recurrentes del cine patrio de más diverso calado –a veces de difícil justificación por su falta de calidad–, desde un eficaz Antonio Dechent a un imposible Miguel Ángel Muñoz. Y donde Leonor Watling (muy desaprovechada en su papel de Isabel de Urbina, el gran amor de Lope) y Pilar López de Ayala (con mayor fortuna en su rol de Elena de Ossorio) aportan las obligadas dosis de fogosidad sin explicitudes que se suponen necesarias para tratar de explicar el tormento carnal y espiritual del joven artista –que apenas se percibe–, deseosas de aflojar la presión de unos corpiños que también parecen comprimir un guión soso y falto de sustancia.
El cine español logró en 2009 una parcial recuperación del tradicional desencuentro con su público; Almodóvar, Amenábar, Monzón o Trueba y algunos otros, pocos más, aportaron sus granitos de arena para que resultase un ejercicio comercialmente espectacular en taquillas y/o méritos creativos, puerta abierta a esperanzas futuras para hacer frente, en la medida de lo posible, al impositivo poder hollywoodiense. Por eso, “Lope”, la gran apuesta de nuestro séptimo arte para este exiguo 2010, resulta ser una decepción por la desasosegante mediocridad de una propuesta, además con un muy elevado coste de producción.
Si lo que se pretende es reconciliar al cine patrio con la esquiva audiencia española, no será gracias a la parte alícuota que pueda quedar de este pequeño recuerdo de uno de los más grandes de los nuestros. Seguiremos esperando, qué remedio.














