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Juan Fernández Herrezuelo, escritor

2 mayo, 2011 | por | Categoria: Entrevistas

“Como dice Vargas Llosa: ‘Escribir es la mejor manera de vivir”

Casado y con una hija, el escritor Juan Herrezuelo (Palencia, 1966), que reside en Almería desde los 12 años de edad, acaba de sacar a la luz un nuevo libro de relatos bajo el título ‘Pasadizos’, que eleva a tan sólo tres volúmenes su producción literaria. “No todos podemos ser Francisco Umbral, algunos nos quedamos en Juan Rulfo, que en toda su vida no publicó más que tres libros”, comenta en tono irónico.

La colección de cuentos ‘Desde el lugar donde me oculto’ (1961) y la obra de ficción ‘El veneno de la fatiga’ (1999) completan la bibliografía de este “gran dominador del lenguaje” –como así ha sido considerado por la crítica– que ya ha cerrado prácticamente su segunda novela y que tiene en mente una tercera.

JOSE ROJO

Pregunta. Se estrenó en la literatura con ‘Desde el lugar donde me oculto’, un libro de relatos que escribió en 1991 con 25 años de edad. ¿Cuándo se dio cuenta de su predisposición por la escritura?

Respuesta. Me vine a vivir a Almería a los doce años, y recuerdo perfectamente que ya desde antes yo quería ser escritor y había intentado terminar alguna historia, muy fantástica siempre, muy misteriosa, con mucha aventura y mucha intriga, de acuerdo con mis lecturas de entonces. Dice Vargas Llosa que el escritor siente íntimamente que escribir es lo mejor que le ha pasado y puede pasarle, que escribir es para él la mejor manera de vivir, y ése ha sido siempre mi caso.

P. Llevaba 12 años sin publicar nada. ¿A qué se ha debido esa sequía literaria?

R. No hay una manera sencilla de responder a esta pregunta. Han sido años complicados para mí, en muchos aspectos. Cuando acabé ‘El veneno de la fatiga’, después de un duro esfuerzo, yo creía que la segunda sería más llevadera. En ese momento también estaba convencido de que ya no habría mayores problemas para reencontrarme con los lectores: yo era la apuesta de una editorial importante y el hecho de que tuviera tan buena acogida crítica parecía evidenciar que fue una apuesta ganada. Pero estaba equivocado en ambos casos. El día que publique esa segunda me quitaré un enorme peso de encima, por muchas razones que no se limitan al mero hecho de hacérsela llegar a sus destinatarios naturales.

P. ¿Su novela ‘El veneno de la fatiga’ le dejó extenuado?

R. Fue, como te he dicho, un duro esfuerzo. Yo podría decir de mi primera novela lo que una vez me dijo Muñoz Molina con respecto a la suya, ‘Beatus Ille’: que era la prueba que yo tenía que pasar para ser escritor, y que durante casi todo el tiempo que estuve escribiéndola tenía miedo de no poder acabarla. Hace un par de años, ordenando cajas en casa, me encontré con cientos de hojas manuscritas, algunas anteriores incluso al libro de relatos del 91, en las que ya se dibujaban los personajes y algunas situaciones de ‘El veneno…”, y me sorprendió que la voluntad de utilizar determinado material para una novela viniera de tan lejos.

P. Ese trabajo recibió muy buenas críticas… Después de tantos elogios, ¿hay miedo por lo que puedan opinar de sus nuevas publicaciones?

R. Imagino que la valoración que se haga de ‘Pasadizos’ será de una naturaleza distinta, porque en España se habla mucho del auge del relato breve, pero a un escritor se le sigue midiendo sobre todo por sus novelas y no por sus colecciones de cuentos. Y desde luego puedo asegurarte que espero con impaciencia la ocasión de someter al juicio de la crítica y de los lectores esa segunda novela de la que te he hablado, porque cuando uno se arriesga tanto lo que quiere saber es si mereció la pena hacerlo o no. Yo, a día de hoy, te diría que sí, sin duda, a pesar de tantas cosas.

P. Con ‘Pasadizos’, el libro de cuentos que acaba de ver la luz, su bibliografía se resume en tan sólo tres volúmenes. ¿Qué le impide ser más prolífico?

R. No todos podemos ser Francisco Umbral, algunos nos quedamos en Juan Rulfo, que en toda su vida no publicó más que tres libros. Y esto lo digo un poco en broma y salvando las distancias, naturalmente. Desde luego, yo siempre supe que no sería un escritor excesivamente fecundo, por la propia manera en que afronto cada reto literario.

P. ¿Se obliga a sí mismo a escribir o es una necesidad?

R. Escribo ficción cuando sé que tengo asegurado el canal necesario para llegar a un destinatario, porque no la escribo para mí, sino como un ejercicio de fabulación compartida, de comunicación. Mientras tanto, tomo permanentemente notas, escribo artículos y reseñas, preparo presentaciones de libros, retomo y abandono diarios, y desde hace un mes me he lanzado a la aventura de editar un blog, ‘Los pasadizos del Loser’, que me va a venir muy bien para disciplinarme.

P. ¿Con qué frecuencia escribe?

R. En realidad, me perturba mucho más estar un día sin leer que sin escribir. Cuando se den las circunstancias para meterme con la tercera entonces será otra vez una batalla sin cuartel. Y esa tercera está en la cabeza, por cierto. De vez en cuando me asalta también la idea para un relato, y eso sí que no puede esperar.

P. ¿Se considera escritor?

R. Yo ya me sentía un inventor de historias a los diez u once años. Por eso un buen amigo mío se irrita mucho cuando ahora, por aquello de que no vivo de esto ni publico con la regularidad que desearía, yo mismo pongo en duda mi condición de escritor. De todas maneras, jugar con mis apellidos me ha permitido crear una especie de doble identidad, tipo Jekyll y Hyde: Juan Herrezuelo es y se siente escritor, en él se materializa una vocación que, como te digo, viene de la infancia. Juan Fernández ha de hacer frente a ese tipo de responsabilidades diarias que a veces resultan abrumadoras, y con frecuencia cede, además, a la tentación de distraerse.

P. ¿Qué cambios ha experimentado su forma de escribir a lo largo de sus 20 años de carrera literaria?

R. Mi prosa se ha hecho mucho más contenida, más precisa, y estoy más atento aún al ritmo. Ahora sé que he acertado con un párrafo cuando he logrado la fluidez narrativa que yo deseo con las palabras más sencillas. Este libro, ‘Pasadizos’, me permitió rescatar un relato que había sido escrito para el primero, ‘Desde el lugar donde me oculto’, pero que resultó fallido y no lo incluí allí. Hace un año lo descarné por completo, lo dejé en la pura estructura y poco más, y rescribirlo fue para mí un ejercicio de puesta al día de estilo.

P. De usted han dicho que es un gran dominador del lenguaje. ¿Ese poder se lo ha concedido la lectura compulsiva?

R. Yo creo que el hecho de dominar el lenguaje debía de ser común a todo escritor, pero es evidente que hoy más que nunca el desaliño expresivo es la tónica dominante. En literatura ya pasa como en la conversación diaria: cada vez más gente decide hablar y escribir deliberadamente mal para no quedarse fuera de juego, para no desentonar. Conrad escribió que toda obra literaria que aspira a elevarse a la altura del arte debe justificar su existencia en cada línea, y así lo he creído yo también siempre. Como lector, admiro a todo autor que domina su herramienta de trabajo, y la herramienta de trabajo de un escritor es la palabra, el lenguaje poético.

P. ¿Qué puede encontrar el lector en ‘Pasadizos’?

R. Son cuentos que, a pesar de estar escritos a lo largo de más de una década y de tener distintos enfoques narrativos y distintas temáticas, poseen elementos que los vinculan entre sí sutilmente. He dicho en varias ocasiones que esto se debe, o así prefiero creerlo, a que cada uno de ellos se concibió como un juego literario con el lector, y tal vez cada juego contenía la posibilidad de burlar las reglas de alguno de los otros. Como casi todos los cuentos que he escrito, bordean el territorio del realismo mágico o caen plenamente dentro de él; es decir, introducen una anomalía en lo cotidiano o la sugieren.

P. De los nueve cuentos de que consta, ¿cuál es su predilecto?

R. Estoy especialmente satisfecho de los dos más largos, ‘Silencio purísima y oro’ y ‘Los pasadizos de la ficción’, pero me interesa sobre todo cuál pueda ser la opinión que le merezca a los lectores este último, por ser ese cuento del que te he hablado, el que escribí inicialmente para mi primer libro y ahora he corregido totalmente. Ése y el que cierra ‘Pasadizos’ dan el tono de en qué punto me encuentro como escritor.

P. ¿Está en capilla la segunda novela de Juan Herrezuelo?

R. Por usar un símil taurino, te diré que tengo una en los corrales de la plaza, sí.

P. ¿Podría adelantarnos algo sobre ese proyecto?

R. La novela nació como una historia de amor, la historia de un hombre dividido entre dos mujeres, pero tomó realmente cuerpo cuando se le añadieron dos elementos fundamentales: por un lado, la descripción y denuncia de ciertas condiciones laborales abusivas que lamentablemente le son familiares a una parte no desdeñable de los trabajadores españoles; por otro lado, hay una parte que pudiera ser fantástica o bien deberse a una pura enajenación del protagonista, eso es algo que quedará al criterio de los lectores.

P. Usted es miembro del Instituto de Estudios Almerienses, entidad que ha editado ‘Pasadizos’, una publicación que también ha salido a la venta en versión digital. ¿El libro impreso tiene futuro?

R. Yo soy un enamorado incondicional del libro tal y como lo hemos conocido desde hace más de quinientos años, y personalmente no concibo una forma más eficaz de pretender atrapar la atención del lector, que en el fondo es de lo que se trata. Ahora bien, más allá de mis preferencias, es evidente que la edición digital, hasta donde yo sé, que no es mucho, permite que la tirada sea ilimitada y casi suprime la posibilidad de la descatalogación, es decir, estamos ante la disponibilidad ilimitada e indefinida, lo que en cualquier caso es positivo. Ya se verá cuál pueda ser la evolución del libro digital, pero al parecer, según me dicen, la notable diferencia de costes de producción y distribución juega en contra del libro impreso en papel.

P. A pesar de llevar tanto tiempo viviendo en Almería, no tiene acento andaluz. ¿Tiene algo que ver en esto sus raíces palentinas?

R. He vivido en Almería casi las tres cuartas partes de mi vida, como te he dicho, desde 1978, y como es lógico estoy plenamente integrado en esta ciudad. Ahora bien, me gusta ejercer de palentino, y quienes me conocen lo saben.

P. ¿Qué recuerdos guarda de los doce años que vivió en Palencia?

R. Tengo recuerdos muy vivos y muy gratos. Fui plenamente feliz en esa etapa de mi vida. Recuerdo la ciudad de entonces y recuerdo las jornadas campestres, a la orilla del río, pescando cangrejos con mi padre, y el colegio, y los juegos en la calle Comandante Velloso, cuando aún no había esa valla que impide, afortunadamente, el acceso a las vías del tren. En fin, muchos recuerdos. Me costó mucho abandonar todo eso.

P. ¿Visita su tierra natal?

R. Todos los años, en verano, y en Navidad siempre que puedo. Mis padres viven allí, volvieron a comienzos de los noventa.

P. ¿Qué sensaciones le transmitió Palencia en su último viaje?

R. Palencia me sigue pareciendo una ciudad bellísima y muy tranquila, algo para mí fundamental. El verano pasado tuve la oportunidad de enseñársela a unos amigos que subieron desde Almería y puedo asegurarte que quedaron encantados, les pareció que era tal y como tantas veces les había contado.

P. ¿Hoy se siente más andaluz que castellano?

R. Mira, me pasa como a aquellos españoles que se fueron a América a buscar fortuna en el XIX y principios del XX, que allí eran gallegos y aquí indianos. Yo le estoy muy agradecido a Almería, de aquí es mi mujer, aquí nació mi hija y aquí tengo grandes amigos. Pero soy castellano. No creo en eso de que uno es de dónde pace o de donde cuelga el sombrero: uno es de donde se siente. Aquí saben que en mi caso no es cosa sólo de acento, sino también de carácter.

Personalísimo

“Hago montañas de granos de arena”

-       Signo del horóscopo… Géminis.

-       Vicio confesable… Me temo que de nuevo el tabaco.

-       Película para recordar… ‘Un lugar en el sol’.

-       Actor… Montgomery Clift.

-       Actriz… Elizabeth Taylor.

-       Animal… El oso.

-       Color… Azul.

-       Libro predilecto… ‘Rayuela’, de Cortázar, en prosa; ‘Esta luz’, de Gamoneda, en poesía.

-       Coche que tiene… Un Renault Scénic.

-       En cuestión de cocina se muere por… El lechazo churro en horno de leña.

-       La canción que le levanta el ánimo se titula… “The Lady is a tramp”, de Sinatra.

-       En su relación con las personas no soporta… La superficialidad deliberada.

-       Por el contrario, valora… La buena educación.

-       Siente envidia sana por… Quienes pueden permitirse viajar con frecuencia.

-       Rasgo que le define… Soy una persona demasiado nerviosa.

-       Su gran defecto… Hago montañas de granos de arena.

-       Su mejor sueño… Ver crecer sana y feliz a mi hija.

-       Cuando le presentan a una persona se fija en… Lo ojos.

-       Añora… Aquella agilidad corporal que va perdiéndose.

-       Los sábados por la noche disfruta… En casa, con amigos o en familia.

-       El rincón favorito de su casa es… Junto al ventanal desde el que se divisa toda la ciudad y el mar al fondo.

-       De Palencia no aguanta… Los más de ochocientos kilómetros que me separan de ella.

-       Y lo que más le gusta de los palentinos es… De los que conozco, su franqueza.

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