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Cuestión de olores

15 marzo, 2011 | por | Categoria: mascotas

ANA DE LA TORRE MARTÍN

Esta quincena les toca a los gatos ser los protagonistas de esta sección. El gato es un animal doméstico que, aunque no es tan fiel como un perro, puede darte el mismo cariño y felicidad. Mucha gente decide tener un gato en su casa por cuestión de comodidad o de tiempo, y es que, mientras que a un perro hay que sacarlo a pasear y a que haga sus necesidades, nuestro gato será feliz si tiene un rinconcito con arena para hacer estas cosas. Además, son tan listos que casi no habrá necesidad de enseñarles dónde tienen que acudir y cómo tienen que actuar, ya que, o se lo habrá enseñado la madre, o por instinto aprenderán solos.

Pero no siempre todo esto es ni tan fácil ni tan bonito. Es extraño, pero puede ocurrir que nuestro gato, por problemas médicos o por mala educación, comience a orinar en lugares donde no debe. En el caso de que sea por problemas médicos, seguramente un buen tratamiento termine con todo este problema, como en el caso de que el gato padezca el síndrome urológico felino, del cual ya se ha hablado en esta misma sección. En el caso de que la conducta sea por una mala educación, es momento de enseñar a nuestro gato que lo que hace no está bien. Ya sea por una causa u otra, una de las labores más importantes que debemos llevar a cabo ante esta situación es la de una correcta limpieza. Si el gato sigue oliendo su propia orina pensará que puede seguir haciendo sus necesidades en el mismo lugar, por lo que hay que acabar con el olor.

La regla número uno es no usar amoniaco, ya que este producto tiene algún componente que actuaría de la forma contraria a lo que queremos conseguir y estaría indicando al felino que ése es el lugar donde debe hacer sus necesidades. También hay que tener cuidado porque hay algunos materiales, sobre todo alfombras con antideslizantes, que usan productos que atraen al animal. En este caso hay que usar un spray que elimine el olor o deshacernos de la alfombra directamente.

Un método casero de acabar con el olor de la orina del gato es usar vinagre blanco. También el bicarbonato de sodio acaba con el olor; se usa esparciéndolo por el lugar donde haya hecho sus necesidades el animal. Este método será mejor usarlo como último recurso, porque puede ser incluso perjudicial si lo usamos mal. En las tiendas de animales o veterinarios también venden productos destinados a eliminar olores fuertes, allí nos dirán cuál es el producto que más nos conviene.

El olor no se va a ir a la primera, sino que tardará un tiempo en irse del todo, incluso aunque nosotros no lo olamos, el gato puede que sí, por esto es importante vigilar el comportamiento del animal y si vemos que sigue acudiendo allí a menudo, igual es bueno prohibirle que se acerque, bien poniendo algún tipo de obstáculo, o si es una habitación concreta, cerrando la puerta. También es muy importante que cuando el problema tiene su origen en un mal comportamiento, seamos muy cuidadosos en la limpieza de su caja, llegando incluso a limpiarla después de cada uso para que nuestro gato siempre tenga una zona limpia donde realizar sus necesidades, ya que ésta puede ser una causa del mal comportamiento.

Mala educación

Para terminar, aunque en realidad esto sería el comienzo, muchas veces la raíz del problema está en una mala educación de base, así que voy a explicar brevemente qué hacer si un gato cachorro llega a nuestra casa y no sabe usar el arenero. Aunque a menudo se lo enseña su madre o lo hacen por instinto, hay casos donde nosotros debemos ser los maestros. No debemos restregar el hocico del animal sobre las necesidades hechas en un lugar inadecuado, ya que puede que lo que él entienda sea lo contrario y crea que es ahí donde debe hacerlo. Tendremos que acompañarlo al arenero cuando veamos que tiene la intención de hacer pis o caca, incluso cogiéndole de las patitas le enseñaremos que tiene que escarbar, y, una vez hecho “el trabajo”, también le enseñaremos igualmente que tiene que taparlo. Si hace pis o caca fuera de la caja, podemos recogerlo con un papel y llevarlo hasta la caja de arena, entonces cogemos al gato y lo llevamos allí, dándoselo a oler, para que vea que es ahí donde debe hacerlo. Si aun así no aprende, podemos pedir ayuda a un veterinario, que sabrá darnos pautas para cada caso concreto.

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