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Las personas mayores

31 enero, 2012 | por | Categoria: medio-rural

 

Breve diagnóstico rural

ESTEBAN VEGA DONCEL

 

Hace más de veinte años que en Palencia se creó Colectivos de Acción Solidaria, CAS, una ONG integrada por una veintena de grupos de todo el estado español, preferentemente del Medio Rural. Hoy CAS sigue teniendo presencia en nuestra tierra y queremos haceros llegar unas pinceladas de un documento suyo relacionado con las personas mayores de nuestros pueblos. De este estudio, muy amplio, extraemos algunos puntos.

Se trata de un trabajo de investigación realizado desde un Proyecto Piloto de la Red Rural, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino y el FEADER, en el que se pretende, entre otras cosas, elaborar un  diagnóstico acerca de cómo están y se ven a sí mismas las personas mayores de nuestros pueblos. Hablamos de cerca de dos mil entrevistas personales, realizadas en nuestra comunidad; en Palencia se enmarcan en al ámbito de la Vega, Valdavia, Boedo y Ojeda; aunque los resultados pueden extrapolarse a otras comarcas y zonas rurales.

En España la esperanza de vida se ha duplicado a lo largo del siglo XX, llegando en la actualidad a 78,9 años el varón y 84,9 años la mujer. Son personas que llegan a la edad de jubilación, en términos generales, en mejores condiciones de salud y económicas que en el siglo pasado.

El aumento de la esperanza de vida, es una mejora de la sociedad en general;  por lo tanto, es importante evitar el etiquetado de que los mayores son un gasto. Es, al contrario, un éxito de los sistemas de salud y de la sociedad en general.

Las personas mayores residentes en el medio rural constituyen el eje central del Proyecto Piloto por dos motivos principales: porque se pretende recuperar sus saberes para crear un nuevo modelo económico y social y porque se quiere retrasar su envejecimiento de manera activa, prevenir su dependencia y mejorar su calidad de vida aumentando su participación social y cubriendo las necesidades que puedan tener.

La población española ha envejecido de forma acelerada, pero sobre todo la del medio  rural, con ocho o diez puntos de diferencia sobre la media nacional. Hablamos de una población que en su vida activa estuvo trabajando el campo, principalmente los hombres, y en “sus labores” la mujeres. Hoy la inmensa mayoría son pensionistas (68%) o cónyuges de pensionistas. Cuatro de cada diez personas mayores tienen entre 65 y 74 años, el resto tiene más de 75 años, es decir, hablamos de una población sobreenvejecida.

A partir de los ochenta años aparecen nuevas necesidades adscritas a la salud y nuevas responsabilidades familiares de cuidados y seguimiento, que si no existen ayudas extraordinarias, son una verdadera carga para quienes lo padecen: de ordinario, las mujeres. Entendemos que calidad de vida en los territorios pasa por mejorar la vida de los mayores que son los que viven ahí.

La escasez de servicios, las distancias existentes, los deficientes medios de transporte público, la desvalorización social de los mayores por parte del sistema económico, requiere que se plantee una política social que les preste más atención, identifique las necesidades y se den respuestas, muchas aún no descubiertas, que garanticen a los mayores unos derechos sociales universales.

La propuesta iría por prestar más atención a quienes más lo necesiten.

La mayoría de las personas mayores de nuestros pueblos son propietarias de sus viviendas, las cuales ofrecen atractivos muy valiosos para sus habitantes; son espacios donde realizar actividades domésticas rurales, locales donde practicar aficiones,  patio con jardín o huerto o, incluso, donde cuidar unos animales. Los mayores se sienten en sus pueblos muy a gusto. Son excepciones los que no lo están. La sensación de aburrimiento no es generalizada, aunque si puede afectar a una quinta parte de este sector de población. Los datos reflejan una situación bastante aceptable de camaradería, buena vecindad y compañerismo en la mayoría. Esa buena convivencia se refleja en los datos relativos a compartir el tiempo, las aficiones e incluso “los conocimientos”.

Las personas mayores prefieren tener su tiempo ocupado en tareas diversas. El estudio acerca del ocio y tiempo libre refleja que es un ocio preferentemente pasivo, barato y, en gran parte, vacío, (ver televisión).

Existen servicios para personas con suficiente autonomía, como para ocuparse de su ocio y educativos; pero son muy escasos para las personas que están sin poder moverse en su domicilio, y para las personas que registran los primeros síntomas de dependencia o con enfermedades crónicas. Les afecta la carencia de compañía y escucha, alguien con quien compartir, sobre todo porque son edades que van acompañadas de la pérdida de seres queridos; esposa y/o compañero, familiares, vecinas. Está muy extendida la conciencia afectiva de resignación en los pueblos, donde el sentimiento dominante es que “ya no servimos para nada” y…, a esperar… De uno u otro modo, casi todas las personas mayores podrían necesitar algún tipo de apoyo, ayuda o acompañamiento para paliar las dificultades con que se encuentran en algunas de las diferentes funciones diarias.

Un tercio de los mayores de estas zonas necesitan compañía y aunque la mayoría dice que recibe ayuda de algún familiar o vecino, hay, en los datos, indicadores claros de que un porcentaje importante la necesitan y no la reciben. Las situaciones más graves se concentran en los que tienen necesidad de utilizar servicios de los llamados de tipo básico: alimentación, centros de día o de noche, acompañamiento personal, higiene, etc., y que, además, no pueden sufragar con sus actuales ingresos monetarios.

En general hablamos de: cuidados personales, atención doméstica, acompañamiento, teleasistencia, transporte público accesible, comida a domicilio, podología, acceso a las nuevas tecnologías, actividades culturales, artísticas y de encuentro, centros de día, de estancias nocturnas, comedores sociales, taxi-salud,… Además, manifiestan su disponibilidad a aportar una parte económica para su percepción.

Se plantea desde CAS una metodología de trabajo para actuar en este campo y en tal sentido se enuncian:

- Es necesario un  cambio en la valorización de este sector. – Identificación de las necesidades que afectan a los mayores. – Establecer programa individualizado de atención según el diagnostico. – Formación de las personas y colectivos sociales con opciones de intervención. – La necesaria coordinación entre las distintas áreas de servicios sociales, de salud y los otros sectores…

El desarrollo de los derechos sociales en el Medio Rural requiere el reconocimiento de la dignidad de las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia; satisfacer las necesidades de las personas mayores de nuestro medio rural debe ser un derecho social universal sin lugar a discusión. Se hace imprescindible la implicación y potenciación del tejido asociativo.

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