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El Museo del Pan recibe 30.000 visitantes cada año

31 enero, 2012 | por | Categoria: Valladolid

La Diputación avala este centro único en España que plantea la posibilidad de albergar el Centro de Interpretación de ‘El Vítor’

LAURA SANTAMARÍA

El pan continúa siendo uno de los productos agroalimentarios peor valorados por los consumidores, a pesar de estar en la base de la pirámide alimenticia y de ser imprescindible en una dieta equilibrada. Ésta es una de las conclusiones a las que no han tenido más remedio que llegar los profesionales de uno de los oficios que más generaciones ha sobrevivido y que ejercen centenares de artesanos en nuestra provincia: el de la panadería. Conocer mejor este producto, sus variedades, sus procesos de elaboración o su presencia en otras culturas es el propósito con el que nació el Museo del Pan de Mayorga que, por su temática, es el primero y único a nivel nacional.

Con una inversión inicial de más 3,5 millones de euros, la Diputación de Valladolid fue uno de los principales organismos promotores de este proyecto turístico-cultural pionero que se asienta sobre la antigua iglesia de San Juan de Mayorga, dentro del casco urbano de esta pequeña localidad de la comarca de Tierra de Campos. Las amplias vistas sobre la vega singularizan este conjunto arquitectónico que vio la luz en 2009 para dinamizar el medio rural valisoletano y por el que cada año se pasean una media de 30.000 visitantes haciendo “que cualquier dinero invertido merezca la pena”, asegura el alcalde del municipio, Alberto Magdaleno.

El museo nació con un doble objetivo. Por un lado, que la gente de la zona pudiera conocer mejor este alimento en todos sus aspectos; determinante del paisaje, generador de riqueza y cultura, etc. De otro, dar a conocer fuera de la provincia, un producto que ya tiene marca de garantía propia:  el pan de Valladolid.

También estaba dentro de los objetivos de la Diputación potenciar y dinamizar, con su ubicación en la localidad de Mayorga y, por extensión, en la comarca de la Tierra de Campos -la región cerealista por excelencia-, este elemento generador de turismo y de cultura. “No obstante hay que trabajar, y así lo estamos haciendo, por complementar la oferta turística de forma que esos visitantes tengan otras alternativas y puedan permanecer más tiempo en Mayorga, para que así los beneficios puedan ser mayores”, explica el regidor mayorgano.

Con el tiempo estos objetivos se han ido ampliado y además de sus exposiciones permanentes y temporales, el centro ha ido incorporando una serie de actividades periódicas como   las demostraciones y degustaciones gratuitas de panadería repostería y aceites de los fines de semana. No obstante, nuevos proyectos con miras de futuro han surgido en los últimos meses, entre ellos, el de convertir el museo en el Centro de Interpretación de la fiesta más auténticamente mayorgana: El Vítor . “Espero que en próximas fechas podamos mostrar avances en esta propuesta y que, llegado el verano, quienes visiten Mayorga, puedan conocer nuestra tradición a través de este espacio museístico para que después, cada 27 de septiembre, vengan a participar de esa fiesta declarada de de interés turístico nacional en la que fuego tradición y sentimiento hacen de esta noche un momento mágico y único en el mundo”, aseveraba con certeza el alcalde.

 

El pan, nexo entre culturas

Los visitantes del Museo del Pan acceden, en primer lugar, a la zona de recepción del museo situada en la planta baja del edificio nuevo, un espacio dotado de amplias dimensiones e iluminación destinado a sala de exposiciones temporales. En la última planta se inicia así un recorrido por las distintas secciones del museo que se hará en sentido descendente y que comienza con un viaje sensorial a través de la historia del pan y su mundo adyacente. En este lugar, las diferentes técnicas audiovisuales nos permitirán ver crecer una gramínea, contemplar los distintos tejidos que conforman un grano de trigo que ha sido sobredimensionado, oler, tocar y sentir los ocho cereales que dan alimento a millones de personas, o incluso hacer un recorrido por las enfermedades que pueden contraer los cereales a lo largo de su existencia.

La segunda planta del museo nos adentra en el mundo de la transformación de esta semilla. Se trata de una sección dedicada básicamente a la molienda del grano mediante un recorrido por los diferentes tipos de molinos históricos desde el más simple, consistente en dos piedras, hasta la utilización de las mareas como fuente de energía. Abandonamos las harinas para introducimos en el mundo de la panificación, ubicado en la primera planta, que a través de diferentes dioramas nos permitirá atravesar el tiempo para contemplar los distintos procesos de fabricación del pan a lo largo de su historia y de las diferentes culturas. Así, podremos pasear por una tahona de principios del siglo XX o sorprenderemos con la aparición del pan en el arte.

Ya en el primer piso, recorreremos el mundo que se ha ido conformando alrededor del pan; desde refranes y curiosidades científicas hasta su presencia en la religión y sus manifestaciones, para acabar por fin dando una visión global de la vida de este producto en forma de audiovisual. Como complemento, los visitantes tendrán también la posibilidad de introducirse físicamente en el mundo del obrador gracias al panadero oficial del museo, que nos mostrará las líneas de producción fundamentales del pan de flama y el pan candeal.

También en esta planta se halla un aula didáctica, que permitirá conocer y comparar las formas de elaborar el pan, moderna y tradicional. Las instalaciones cuentan además con una tienda de recuerdos donde podrá adquirir una amplia selección de objetos y productos relacionados con el mundo del pan, así como degustar algunos de ellos. Próxima a la zona de degustación, el museo dispone también de una sala de proyecciones de uso informativo-didáctico.

 

 

Referente arquitectónico

Pero en el Museo del Pan de Mayorga es tan importante el continente como el contenido y prueba de ello es el hecho de que el museo fuera galardonado el pasado 2010 con el prestigioso Premio de Arquitectura Enor en el ámbito regional. El galardón fue otorgado al arquitecto institucional de la Diputación, Roberto Valle, encargado de redactar y dirigir el proyecto que se impuso sobre otras 38 edificaciones finalistas gracias a “la claridad” del edificio y a “la manera de entender la relación con lo existente, ofreciendo un nuevo paisaje más rico”. El jurado valoró también “el uso de la luz natural”.

La intervención de Valle contempló en su día la rehabilitación de la antigua iglesia de San Juan de la localidad y la construcción de un edificio nuevo adosado al templo por el cual se accede al museo y que se comunica con el primero a través de un hueco practicado en el muro de cerramiento del fondo de la iglesia, de dos plantas de altura, permitiendo así que desde el vestíbulo de entrada, el visitante pueda tener una visión del conjunto de los espacios del mus, contemplar estos dos espacios y así orientarse mejor.

Por un lado, el edificio nuevo, que consta de tres plantas y un sótano, se resuelve con un acabado en hormigón blanco con referencias a las harinas y a la arquitectura popular de la localidad. Los paramentos interiores del museo están resueltos, por el contrario, en hormigón visto de color gris encofrado con madera de castaño de dos espesores, dispuesta horizontalmente. El material hace referencia a la masa y moldes utilizados para dar forma a muchos productos relacionados con la repostería y el mundo del pan.

De otro, los trabajos de la iglesia fueron encaminados a dejarla con su aspecto actual, de gran interés por su sencillez constructiva y por los materiales con los que está construida, aunque se restauró la cubierta y se realizó una limpieza de todas las superficies. Exteriormente los dos edificios se diferencian por el contraste de las formas y volúmenes, una disparidad de estilos unificados por el color blanco, en recuerdo a las harinas y a la arquitectura popular de la localidad. La luz cambiante de los lucernarios y los olores del pan y de los productos expuestos conferirán a los espacios del museo la riqueza y complejidad arquitectónicos confiriendo al museo un carácter singular que propicia el encuentro y el recuerdo.

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